Pero invariablemente este trabajo se alargaba y todos nos empezábamos a cansar al punto que nos fastidíabamos y perdíamos la paciencia. Habíamos comenzado el ritual con mucha alegría navideña, pero luego no queríamos saber más.
Hasta que un día se me ocurrió tirar esa vieja extensión y comprar una nueva. Santo remedio!
Como me imagino la escena de los pastores tratando también de seguir esa estrella. Habría algunos cansados, sin los zapatos correctos para hacer la caminata - unos querían llegar primero,otros se iban arrastrando. Entre ellos tal vez se impacientaban y se enojaban.
Asi es Navidad - ocurre en el marco de nuestra imperfección - ocurre cuando estamos tan cansados haciendo preparativos de Navidad, o tal vez en situaciones donde perdemos la paciencia. A veces llegamos a la Navidad tristes por cosas que nos pasaron; desilusionados porque no llegó o no recibimos algo que queríamos mucho; o porque perdimos a alguien amado. Pero la Navidad llega con su propio ímpetu y fuerza.
La Navidad es más fuerte que nuestra imaginación, nuestras ilusiones, nuestras tristezas - siempre se cuela entre las grietas de nuestra vulnerabilidad. Se cuela como un pequeño destello de luz imperceptible que nos atrapa.
Cuando meditamos en este día, el milagro se hace más evidente y por eso me pareció pertinente escribir este mensaje de Navidad:
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