Somos porque Dios es. La humildad la encontramos por la gracia de Dios. Y todos nuestros logros, son primero que nada, Sus logros.
Por tanto se vuelve un equilibrio difícil mantenernos humildes sin sentirnos que es por nuestra causa.
De ahí la necesidad de seguir repitiendo nuestro mantra, no pensar en nosotros, no pensar en nuestros logros o resultados, volver al ancla de nuestra palabra sagrada, continuamente, constantemente, amorosamente, humildemente.